Una vez que se acercó la fecha, la madre empacó lo necesario en una bolsa de rafia y se hizo al camino de la mano de su hijo, segura de que al hablar con el maestro encontraría la respuesta que necesitaba. La caminata no fue fácil, el calor era extenuante y el camino sinuoso. Estas inclemencias retrasaron sus planes por lo que tuvieron que caminar incluso de noche.
Al llegar al fin al lugar donde Gandhi iba a recibir a la gente y dar sus consejos, se encontraron con una fila enorme de personas con los mismos deseos que ellos. No había de otra, tendrían que hacer la fila y esperar su turno. La espera no fue nada fácil, los viáticos se terminaban, el agua era ya muy escasa y el sol cada vez más fuerte. Después de casi día y medio, por fin les toco su turno.
-Maestro, mi hijo come demasiados dulces, sus dientes se le echan a perder y no encuentro palabras que lo hagan comprender. ¿Qué puedo hacer maestro?
-El maestro pensó unos instantes, luego le dijo a la mujer: En tres meses voy a volver a esta ciudad, regresa y entonces le daré a tu hijo el consejo para que deje de comer tantos dulces.
El camino de regreso fue largo…
Llegada la fecha, empacaron un poco más de lo que habían empacado la primera vez y emprendieron la caminata. El camino fue casi igual de difícil y al llegar a la fila, ésta era más grande, pero con la esperanza de recibir el consejo que cambiaría su vida, la siguieron con serenidad.
Al llegar, la señora dijo:
- Maestro he vuelto por el consejo que le va a decir a mi hijo.
Puso a su hijo de frente al maestro. Y el niño muy atento escuchó…
- ¡Hijo, deja de comer tantos dulces!
La señora se quedó un instante esperando que la respuesta fuera más larga, pero eso no sucedió. La madre molesta increpó al maestro…
- Maestro hemos hecho tres días de caminata desde mi pueblo, al llegar tuvimos que permanecer en la fila por más de 24 horas sin descanso ni agua y usted solo le dice: “Deja de comer dulces”… ¡no puede ser!
- Hija, hace 3 meses yo comía muchos dulces y desde ese día los dejé. Ahora si puedo decirle a tu hijo: “Hijo, deja de comer dulces.”
Contar con un programa o elaborarlo para que de manera vivencial los alumnos se responsabilicen sobre el cuidado del agua, no sería muy difícil. ¿Pero sería justo que un camp en el que solo están por unos días tuviera toda esa responsabilidad? O… ¿serviría de algo si al llegar a casa o al colegio los mensajes son muy distintos?
Las palabras jalan, pero el ejemplo arrastra. En Camp San Gabriel invertimos gran parte de nuestros recursos en equipo, que por medio del sol, produzcan la energía suficiente para alimentar nuestras necesidades de energía. Elaboramos composta, calentamos la alberca por medio de solares, no consumimos en exceso y reciclamos al máximo, entra muchas otras cosas. ¿De qué otra forma podríamos hablar de educación ambiental?
¡Atrévete! Sé ejemplo, cambia para que tu entorno cambie, no esperes que nadie haga las cosas por ti.
AHORA ES TU TURNO… Sé ejemplo, empieza por tu casa, tu persona, cambia tus hábitos, recicla en tu casa y escuela, no desperdicies el agua.
Participa y cuéntanos qué estás haciendo para dar el ejemplo.
¿Cuál es tu granito de arena?
Francisco Ortega O.
Director General
CAMP SAN GABRIEL

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"Más de 100 consejos para cuidar el medio ambiente desde mi hogar"
http://www.semarnat.gob.mx/educacionambiental/Documents/100consejos.pdf